Antojos de azúcar por la noche: qué los causa y cómo calmarlos
Nighttime sugar cravings: what causes them and how to calm them
Imagen ilustrativa. No representa resultados garantizados.
Son las nueve y veinte de la noche. La cocina está limpia, los platos están guardados, la cena fue hace dos horas y no tienes hambre —hambre de verdad, hambre de estómago, no tienes. Y aun así estás de pie frente a la despensa, con la puerta abierta, buscando algo que ni siquiera sabes nombrar. Algo dulce.
Esa escena se repite en millones de cocinas cada noche, y casi siempre se interpreta de la misma manera equivocada: como una falla de disciplina. Como si el problema fuera que a las nueve de la noche te vuelves una persona más débil que la que fuiste a las diez de la mañana.
La evidencia dice otra cosa. Dice que ese antojo tiene horario porque tu apetito tiene horario, que tiene dirección porque el azúcar activa circuitos distintos a los de otros alimentos, y que la mayor parte de la pelea se decidió mucho antes de que llegaras a la despensa: en el desayuno que tomaste, en la merienda que no tomaste, y en cuánta azúcar líquida pasó por tu día sin que la contaras.
Este artículo es sobre esa mecánica. Con números reales, con las fuentes al final, y con la parte honesta de lo que la ciencia todavía no puede prometerte.
Puntos clave
- La revisión más amplia disponible —73 meta-análisis, 8,601 artículos, publicada en BMJ en 2023— recomienda mantener los azúcares libres por debajo de 25 g al día (unas 6 cucharaditas) y las bebidas azucaradas por debajo de una porción por semana.
- En adultos, cada porción diaria adicional de bebida azucarada se asoció con 0.22 kg de aumento de peso al año; en los ensayos donde se añadieron a propósito, el aumento fue de 0.85 kg.
- Tu cronotipo importa: las personas de cronotipo tardío muestran mayor ingesta energética por la noche, peor calidad de dieta y más antojos y desinhibición al comer.
- En un ensayo cruzado, una merienda de tarde baja en azúcar redujo el picoteo de postres por la noche cerca de un 20% y bajó los índices de apetito alrededor de un 70% frente a no merendar.
- Un desayuno alto en proteína bajó la grelina y redujo la ingesta nocturna de alimentos altos en carbohidratos y en grasa frente a saltarse el desayuno.
- Nada de esto es un tratamiento. Los resultados individuales varían y no están garantizados.
En este artículo
- El antojo de las nueve no es un defecto de carácter
- Cuánta azúcar es "mucha", según la revisión más grande que existe
- Por qué el antojo llega de noche y no a las once de la mañana
- El azúcar líquida es un caso aparte
- El experimento de la merienda: cómo se apagó el 20% del postre
- El desayuno de hoy decide el antojo de esta noche
- Siete cosas que puedes hacer esta semana
- Qué cambia si estás en un programa GLP-1
- Lo que esta evidencia NO dice
- ¿Para quién NO es esto?
El antojo de las nueve no es un defecto de carácter
Empecemos por separar dos cosas que en la conversación diaria se mezclan todo el tiempo: hambre y antojo.
El hambre es una señal de energía. Sube despacio, no discrimina mucho entre alimentos, y cede cuando comes casi cualquier cosa. Si tienes hambre de verdad, un plato de frijoles la resuelve.
El antojo es otra cosa. Es específico —no quieres comida, quieres ese sabor—, aparece rápido, y no cede con un plato de frijoles. Puede aparecer con el estómago lleno. De hecho, la escena de las nueve de la noche suele ocurrir precisamente con el estómago lleno, y eso es lo que la hace tan desconcertante para quien la vive.
Cuando alguien te dice "pues no comas dulce", te está dando un consejo diseñado para el hambre y aplicado al antojo. Por eso no funciona. No porque tú seas indisciplinado, sino porque el consejo está apuntando al mecanismo equivocado.
La literatura sobre comportamiento alimentario trata los antojos como un fenómeno propio, con sus propios disparadores: el horario, el estado de ánimo, la privación previa, la exposición al estímulo —ver el paquete, oler la panadería— y la calidad del sueño de la noche anterior. Ninguno de esos cinco disparadores es "carácter".
Esto importa porque cambia la estrategia. Si el problema fuera de voluntad, la solución sería apretar más. Si el problema es de disparadores, la solución es desarmar los disparadores, que es una tarea mucho más concreta y mucho menos agotadora.
Cuánta azúcar es "mucha", según la revisión más grande que existe
En 2023, la revista BMJ publicó una revisión general —una revisión de revisiones, lo que se llama umbrella review— sobre azúcar en la dieta y salud. El equipo revisó 73 meta-análisis, extraídos de 8,601 artículos únicos, cubriendo 83 desenlaces de salud distintos.
Es, hasta donde sabemos, el intento más amplio de poner toda la evidencia sobre azúcar en la misma mesa. Y llegó a una recomendación numérica que vale la pena tener a mano:
Vale la pena leer bien qué significa "azúcares libres o añadidos". No es la fruta entera. No es la lactosa de la leche. Son los azúcares que se agregan a los alimentos y bebidas durante el procesamiento o en la mesa, más los que están naturalmente presentes en jugos, jarabes y mieles.
Veinticinco gramos es menos de lo que la mayoría de la gente imagina. Una lata de refresco de 355 mL tiene por sí sola alrededor de 39 gramos. Es decir: una sola lata pasa el techo del día completo, y todavía no has desayunado.
La revisión también documentó asociaciones adversas entre el consumo de azúcar y 18 desenlaces endocrino-metabólicos, 10 cardiovasculares, 7 oncológicos y 10 de otros tipos. Pero aquí hay que ser precisos, porque los propios autores lo son: la calidad de esa evidencia fue calificada en su mayoría como moderada o baja. La asociación con aumento de peso —vía bebidas azucaradas— y con acumulación de grasa ectópica —vía azúcares añadidos— fue la que alcanzó evidencia de calidad moderada.
Traducido: no es que "el azúcar cause todo lo malo". Es que la señal más consistente y mejor sostenida apunta a peso corporal y a grasa depositada donde no debería estar. Que es exactamente de lo que estamos hablando.
Por qué el antojo llega de noche y no a las once de la mañana
Aquí entra un concepto que casi nadie usa en la conversación diaria pero que explica mucho: el cronotipo.
Tu cronotipo es tu preferencia biológica de horario —a qué hora tu cuerpo prefiere dormir, despertarse, moverse y comer. No es una decisión. Hay personas de cronotipo temprano ("alondras") y de cronotipo tardío ("búhos"), con todo un espectro en medio.
Una revisión publicada en Proceedings of the Nutrition Society reunió la evidencia sobre cómo el cronotipo influye en el comportamiento alimentario y el control del apetito. Los hallazgos que más nos importan aquí:
- El cronotipo tardío se asocia con mayor ingesta energética en la noche, y esa combinación puede amplificar el riesgo de sobrepeso y dificultar los esfuerzos de manejo de peso.
- Las personas de cronotipo tardío tienden a tener peor calidad de dieta: mayor consumo de comida rápida, cafeína y alcohol, y menor consumo de frutas y verduras.
- El cronotipo tardío también se asocia con rasgos de conducta alimentaria que aumentan la susceptibilidad a comer de más: desinhibición, antojos de comida y atracones.
Si te reconoces como "búho" y llevas años peleando con la ventana de las nueve de la noche, esto no es una sentencia. Es una explicación. Y explica algo que suele generar culpa injusta: la persona de al lado, con cronotipo temprano, puede estar librando una batalla objetivamente más fácil a la misma hora del reloj.
La honestidad sobre este punto
Los propios autores de esa revisión señalan que si el cronotipo modifica la respuesta del apetito a la comida y al ejercicio es un área recientemente explorada y en gran medida pasada por alto. La evidencia preliminar sugiere efectos aditivos más que interactivos entre cronotipo y horario de las comidas. En cristiano: sabemos que ambos importan, pero todavía no sabemos bien cómo se multiplican entre sí.
Y hacen falta más estudios sobre la interacción entre cronotipo, horario de comida y ejercicio, y sueño. Es un campo abierto, no un manual cerrado.
El azúcar líquida es un caso aparte
Si vas a cambiar una sola cosa después de leer esto, que sea esta.
El meta-análisis de referencia sobre bebidas azucaradas y peso se publicó en The American Journal of Clinical Nutrition en 2013. Incluyó 32 artículos originales: 20 en niños (15 estudios de cohorte con 25,745 participantes y 5 ensayos con 2,772) y 12 en adultos (7 cohortes con 174,252 participantes y 5 ensayos).
Un cuarto de kilo al año suena a poco. Ese es exactamente el problema: es tan poco que no lo ves en la báscula de una semana, y sí lo ves en la de cinco años.
¿Por qué el azúcar líquida se comporta distinto? La hipótesis más aceptada es que las calorías líquidas no se compensan bien. Cuando comes 150 calorías de comida sólida, tu cuerpo tiende a ajustar —comes un poco menos después. Cuando bebes 150 calorías, ese ajuste es mucho más débil. Las calorías entran, pero la señal de saciedad casi no se entera.
Aquí conviene incluir la voz crítica, porque existe y es seria. Una revisión publicada en Advances in Nutrition examinó el mismo cuerpo de evidencia y concluyó que, aunque el patrón a través de estudios observacionales y experimentales apunta a mayor riesgo de aumento de peso con mayor consumo de bebidas azucaradas, sigue siendo difícil establecer la fuerza de esa asociación y su independencia de otros factores de confusión. La razón principal, según ese autor, es la heterogeneidad y las limitaciones metodológicas de los estudios disponibles, tanto observacionales como experimentales.
Esa misma revisión hace una advertencia útil sobre las bebidas endulzadas artificialmente: aunque algunos estudios observacionales han sugerido que podrían aumentar el riesgo de obesidad y enfermedad cardiometabólica, no hay un mecanismo claro para esa vía y los estudios epidemiológicos son muy inconsistentes. Un problema importante en esos estudios es el sesgo de causalidad inversa: la gente que ya tiene exceso de peso es más propensa a elegir bebidas dietéticas, lo que hace que la bebida parezca la causa cuando puede ser la consecuencia.
Es decir: la evidencia de que la bebida azucarada empuja el peso hacia arriba es sólida en su dirección aunque discutible en su magnitud. La evidencia de que el sustituto endulzado artificialmente sea dañino es mucho más débil de lo que se repite. Si cambiar el refresco por su versión sin azúcar es el paso que puedes dar hoy, la evidencia no da razones fuertes para desalentarlo.
El experimento de la merienda: cómo se apagó el 20% del postre
Este es probablemente el estudio más práctico de todo el artículo, porque prueba una intervención que puedes hacer mañana sin comprar nada raro.
En 2020, un equipo publicó en The Journal of Nutrition un ensayo aleatorizado cruzado con 39 adultos sanos (edad promedio 26 años, IMC promedio 24.4). Cada participante pasó por tres patrones de merienda de tarde, seis días cada uno:
| Patrón de merienda | Azúcar |
|---|---|
| Hummus con pretzels (240 kcal, 6 g proteína) | 2 g |
| Barra de granola (240 kcal, 4 g proteína) | 16 g |
| Sin merienda | 0 g |
Fíjate en el diseño: las dos meriendas tenían las mismas calorías. 240 contra 240. Lo que cambiaba era la composición —una baja en azúcar y con algo de proteína, la otra con 16 gramos de azúcar.
En el séptimo día de cada patrón, el equipo estandarizó el desayuno y el almuerzo, dio la merienda tres horas después del almuerzo, midió apetito y saciedad durante la tarde, dio una cena estandarizada, y luego entregó a cada participante una hielera con snacks para llevar a casa y comer libremente durante la noche. También monitorearon glucosa de forma continua durante 24 horas.
Los resultados:
- La merienda baja en azúcar redujo el picoteo posterior de postres cerca de un 20% comparado con no merendar y comparado con la barra de granola.
- Redujo los índices de apetito —hambre, deseo de comer y consumo prospectivo de alimento— alrededor de un 70% frente a no merendar. La barra de granola no logró eso.
- La saciedad fue aproximadamente 30% mayor con ambas meriendas frente a no merendar, sin diferencia entre las dos meriendas.
- La merienda baja en azúcar redujo la glucosa sanguínea de la tarde alrededor de 5% comparada con la barra.
Lo importante de este experimento es lo que separa: la saciedad —la sensación de estar lleno— fue igual con ambas meriendas. Pero el apetito y el picoteo nocturno de postres no lo fueron. Comer algo a media tarde ayuda; comer qué a media tarde decide si el efecto llega hasta la noche.
Y la limitación, que los autores señalan: fue un estudio agudo, en adultos jóvenes y sanos, con seis días por patrón. Ellos mismos escriben que hacen falta ensayos de largo plazo. No es una prueba de que merendar hummus te hará bajar de peso. Es una demostración limpia de un mecanismo: la merienda correcta desarma un disparador nocturno.
El desayuno de hoy decide el antojo de esta noche
La segunda palanca está catorce horas antes del antojo.
Un estudio cruzado aleatorizado publicado en Current Developments in Nutrition comparó dos patrones durante 7 días cada uno en 13 adultos jóvenes: desayunar un desayuno alto en proteína (340 kcal, 30 g de proteína) contra saltarse el desayuno.
En el séptimo día hicieron un día completo de pruebas de 8 horas, con mediciones de hambre, saciedad, deseo de comer, consumo prospectivo, hormonas relacionadas, resonancia magnética funcional con estímulos visuales de comida, e ingesta libre por la noche.
Lo que encontraron con el desayuno frente a saltarlo:
- Bajaron el hambre, el deseo de comer, el consumo prospectivo de alimento y la grelina —la hormona que dispara el apetito— tanto en la mañana como a lo largo del día.
- Subió la sensación de saciedad.
- Se redujo la activación de hipocampo, parahipocampo y giro frontal medio ante las imágenes de comida. Esas son regiones asociadas a memoria de recompensa alimentaria y a control ejecutivo; menos activación significa que la foto del pastel te "jaló" menos.
- Y el dato que nos ocupa: se redujo la ingesta nocturna de alimentos altos en carbohidratos y altos en grasa. La ingesta nocturna de azúcar específicamente tendió a reducirse, aunque sin alcanzar significancia estadística (p = 0.085).
Ese último paréntesis es importante y no lo vamos a esconder: el efecto sobre el azúcar de la noche fue una tendencia, no un resultado confirmado. Con 13 participantes, un estudio no tiene potencia estadística para confirmar mucho. Lo que sí se confirmó fue el efecto sobre carbohidratos y grasas de la noche, y sobre la grelina de todo el día.
La lectura práctica es la misma en ambos estudios, el de la merienda y el del desayuno: el antojo de las nueve de la noche se construye durante el día. Se construye con horas de proteína ausente, con picos y caídas de glucosa, y con una grelina que nunca terminó de bajar. Cuando llegas a la despensa a las nueve, estás llegando al final de una cadena que empezó a las siete de la mañana.
Siete cosas que puedes hacer esta semana
Nada de esta lista es un tratamiento. Son cambios de disparadores, ordenados por relación esfuerzo/beneficio.
1. Saca el azúcar líquida primero
Refresco, jugo, café con jarabe, té endulzado, batidos de tienda. Es la intervención con la evidencia más directa sobre peso y la que menos "sacrificio de comida" implica. Agua, agua con gas, café sin azúcar, té frío sin endulzar. Si necesitas un puente, la versión sin azúcar de tu bebida es un puente razonable según la evidencia disponible.
2. Pon proteína en el desayuno
El estudio usó 30 gramos en 340 calorías. Eso es tres huevos con frijoles, o un yogur griego con nueces, o pollo del día anterior. No tiene que ser un batido de proteína ni nada comprado.
3. Merienda a media tarde, pero baja en azúcar
El punto del experimento fue justamente que la merienda alta en azúcar con las mismas calorías no redujo el postre nocturno. Hummus con vegetales, un puñado de nueces, queso, huevo duro. Tres horas después del almuerzo es la ventana que se estudió.
4. Cierra la cocina a una hora fija
No como prohibición moral, sino como decisión tomada una sola vez en lugar de veinte veces por noche. La ventana problemática está identificada; ponerle una hora de cierre ataca directamente esa ventana.
5. Cuenta la azúcar oculta una semana, solo una
No para siempre. Una semana leyendo etiquetas te enseña dónde están tus 25 gramos, y esa información ya no se te olvida. Salsa de tomate, aderezo, pan de molde, yogur de sabor, cereal, granola: ahí es donde suele estar el gramaje que nadie contaba.
6. Cambia el disparador ambiental
La exposición al estímulo es uno de los disparadores mejor documentados del antojo. Si el dulce no está en la casa, el antojo de las nueve se topa con una despensa que no tiene respuesta, y en la mayoría de los casos se apaga solo en unos minutos. No es fuerza de voluntad; es logística.
7. Cuida el sueño y respeta tu cronotipo
Si eres de cronotipo tardío, las horas de la noche te juegan en contra por biología. Anclar la hora de despertar, buscar luz natural temprano y no pelear con tu reloj interno a base de culpa son estrategias más realistas que intentar convertirte en alguien que se duerme a las nueve.
Una nota de realidad: si trabajas turnos rotativos, si tienes dos empleos o si tu única hora tranquila del día es después de las diez de la noche, varios de estos puntos chocan con tu vida real y no es culpa tuya. En ese caso, empieza por el punto 1 y el punto 6, que son los que menos dependen del horario.
Qué cambia si estás en un programa GLP-1
Muchas personas llegan a este tema ya dentro de un programa de manejo de peso supervisado, y la pregunta es razonable: ¿esto sigue importando?
Sí, y por una razón de diseño. Los ensayos grandes de medicamentos para manejo de peso estudiaron el fármaco como complemento a una intervención de estilo de vida, no en lugar de ella. Los participantes de esos estudios recibieron consejería sobre alimentación y actividad física. Cuando lees un resultado de esos ensayos, estás leyendo el resultado del conjunto.
Además, hay una razón práctica. Varias personas en tratamiento describen que el hambre física baja notablemente pero el antojo de las nueve de la noche —el que no venía de hambre en primer lugar— no desaparece del todo. Tiene sentido: son mecanismos distintos. Un mecanismo que responde a señales de saciedad y otro que responde a horario, recompensa y hábito.
Por eso la conversación sobre disparadores no compite con un plan clínico. Lo acompaña. Y por eso las preguntas sobre horarios de comida, proteína y bebidas azucaradas son de las más útiles que puedes llevarle a tu proveedor en la consulta de seguimiento.
La elegibilidad se determina mediante evaluación médica, y quién es candidato a qué es una decisión clínica que no se toma leyendo un artículo.
Lo que esta evidencia NO dice
Vamos a ser explícitos, porque en este tema abunda la exageración en las dos direcciones.
No dice que el azúcar sea adictiva como una droga. Ese debate existe en la literatura, está lejos de resuelto, y ninguno de los estudios que citamos aquí lo aborda. Lo que sí está documentado es que los antojos tienen disparadores identificables y modificables.
No dice que quitando el azúcar vas a bajar de peso. El meta-análisis de bebidas azucaradas midió efectos de fracciones de kilo por año. Es un efecto real y acumulativo, no una transformación.
No dice que la fruta sea el problema. La recomendación de 25 gramos es sobre azúcares libres y añadidos. La fruta entera, con su fibra y su matriz, no está en esa categoría.
No dice que estos estudios sean grandes. El de la merienda tuvo 39 participantes. El del desayuno, 13. Ambos fueron cortos. Muestran mecanismos con buen diseño experimental, no reglas poblacionales.
Y no dice cuánto vas a bajar tú. Los resultados individuales varían y no están garantizados.
¿Para quién NO es esto?
Este artículo no es para ti si tu relación con la comida ha cruzado hacia un territorio que necesita ayuda profesional. Si tienes episodios de comer grandes cantidades con sensación de pérdida de control, si comes en secreto, si hay culpa intensa o conductas compensatorias después, eso no se resuelve con una lista de siete hábitos y merece una evaluación con un profesional de salud mental o un especialista en trastornos de la conducta alimentaria. Pedir esa ayuda no es un fracaso; es el paso correcto.
Tampoco es para ti si tienes diabetes tipo 1 o tipo 2 en tratamiento y estás pensando en cambios grandes de carbohidratos por tu cuenta. Ahí los ajustes tienen que ir coordinados con quien maneja tu medicación, porque el riesgo de hipoglucemia es real.
No es para ti si estás buscando un permiso para eliminar grupos enteros de alimentos. La evidencia de este artículo apunta a azúcares libres y bebidas azucaradas, no a una guerra contra los carbohidratos.
Y no es para ti si ya tomas menos de 25 gramos de azúcares libres al día, desayunas proteína y no bebes calorías. Si ese es tu caso y el peso no se mueve, esta no es tu variable, y seguir apretando aquí es perder tiempo que podrías usar en evaluar sueño, hormonas o laboratorios.
Es para ti si te reconociste en la escena de las nueve de la noche, has estado tratándola como un defecto de carácter, y nadie te había explicado que tiene mecánica —y que la mecánica se puede desarmar.
Programas con GLP-1 desde $88.99 al mes. Atención en español e inglés, 100% por telemedicina.
Preguntas frecuentes
¿Cuánta azúcar puedo comer al día?
La revisión general publicada en BMJ en 2023, que reunió 73 meta-análisis, recomienda reducir el consumo de azúcares libres o añadidos por debajo de 25 g al día —aproximadamente 6 cucharaditas— y limitar las bebidas azucaradas a menos de una porción por semana. Eso se refiere a azúcares añadidos y libres, no a la fruta entera.
¿Por qué me da antojo de dulce solo en la noche?
El horario influye por biología, no solo por hábito. Una revisión en Proceedings of the Nutrition Society documentó que el cronotipo tardío se asocia con mayor ingesta energética por la noche, peor calidad de dieta y más antojos, desinhibición y atracones. A eso se suman los disparadores acumulados del día: poca proteína, picos de glucosa y exposición al estímulo.
¿Merendar en la tarde ayuda o empeora?
Depende de qué merienda. En un ensayo cruzado con 39 adultos, una merienda de tarde baja en azúcar redujo el picoteo nocturno de postres cerca de 20% frente a no merendar y frente a una barra de granola con las mismas calorías pero 16 g de azúcar. La saciedad subió con ambas meriendas; el efecto sobre el postre nocturno solo con la baja en azúcar.
¿Saltarme el desayuno me ayuda a comer menos?
En un estudio cruzado de 7 días por patrón con 13 adultos, desayunar un desayuno alto en proteína bajó el hambre, el deseo de comer y la grelina, y redujo la ingesta nocturna de alimentos altos en carbohidratos y en grasa frente a saltarse el desayuno. La ingesta nocturna de azúcar tendió a bajar sin alcanzar significancia. Es un estudio pequeño, pero apunta en la dirección contraria a la intuición.
¿Las bebidas "de dieta" son peores que el refresco normal?
La evidencia disponible no respalda esa afirmación. Una revisión en Advances in Nutrition señala que no hay un mecanismo claro por el cual las bebidas endulzadas artificialmente causen obesidad, que los estudios epidemiológicos son muy inconsistentes, y que un problema importante es el sesgo de causalidad inversa. En contraste, la evidencia sobre bebidas azucaradas y aumento de peso es más consistente.
¿Cuánto peso puedo perder si dejo el refresco?
No podemos decírtelo. Lo que midió el meta-análisis de 2013 es que cada porción diaria adicional de bebida azucarada se asoció con 0.22 kg de aumento de peso al año en adultos, y que añadirlas en ensayos produjo 0.85 kg de aumento. Son efectos acumulativos medidos en promedios de grupo. Los resultados individuales varían y no están garantizados.
¿Esto aplica si ya estoy en un tratamiento para bajar de peso?
Los ensayos grandes de medicamentos para manejo de peso estudiaron el fármaco como complemento a una intervención de estilo de vida, no en lugar de ella. Además, el hambre física y el antojo son mecanismos distintos, y muchas personas notan que el segundo persiste. Habla con tu proveedor sobre tu caso; la elegibilidad se determina mediante evaluación médica.
¿Atienden en español?
Sí. Todo nuestro contenido y nuestra atención están disponibles en español e inglés.
Fuentes
- Huang Y, Chen Z, Chen B, et al. Dietary sugar consumption and health: umbrella review. BMJ. 2023;381:e071609. — DOI · vía PubMed
- Malik VS, Pan A, Willett WC, Hu FB. Sugar-sweetened beverages and weight gain in children and adults: a systematic review and meta-analysis. Am J Clin Nutr. 2013;98(4):1084-1102. — DOI · vía PubMed
- Beaulieu K, Finlayson G, Quist JS. Chronotypical influence on eating behaviour and appetite control. Proc Nutr Soc. 2026;85(1):6-12. — DOI · vía PubMed
- Reister EJ, Leidy HJ. An Afternoon Hummus Snack Affects Diet Quality, Appetite, and Glycemic Control in Healthy Adults. J Nutr. 2020;150(8):2214-2222. — DOI · vía PubMed
- Gwin JA, Leidy HJ. Breakfast Consumption Augments Appetite, Eating Behavior, and Exploratory Markers of Sleep Quality Compared with Skipping Breakfast in Healthy Young Adults. Curr Dev Nutr. 2018;2(11):nzy074. — DOI · vía PubMed
- Pereira MA. Sugar-sweetened and artificially-sweetened beverages in relation to obesity risk. Adv Nutr. 2014;5(6):797-808. — DOI · vía PubMed
Este artículo es informativo y no es consejo médico. SCTS1 no receta medicamentos. Toda la atención médica, recetas y planes de tratamiento son proporcionados por médicos licenciados a través de nuestra plataforma asociada. La elegibilidad se determina mediante evaluación médica. Los medicamentos compuestos contienen la misma clase de ingrediente activo pero no son productos farmacéuticos terminados aprobados por la FDA. Los resultados individuales varían y no están garantizados. Si tienes episodios de pérdida de control al comer, o si vives con diabetes, consulta a un profesional de salud antes de hacer cambios importantes en tu alimentación.